lunes, junio 07, 2010

A través del espejo

Acabo de llegar a Sudafrica. Esperaba encontrarme con un lugar inhospito y
ajeno y me resulto caotico y familiar (ya vieron mi post sobre eso). En
realidad, Vincent Vega tiene razon (al igual que Fabio Zerpa). Lo que
realmente llama la atencion son las pequeñas cosas. En mi caso es aprender
a manejar con el volante a la derecha.
La primera reaccion de perpejidad es, obviamente, al llegar a la primera
esquina. No sé para donde doblar, no sé para donde mirar. Siempre estoy
convencido de ir contramano y de que me van a agarrar de frente. De todas
formas, eso es sólo lo más evidente. Hay cosas mas sutiles que hacen que
uno se sienta como en la novela de Lewis Carroll en la que Alicia
atraviesa el espejo. Todo está sutilmente distinto:
Sobre mi izquierda, donde históricamente tenía una ventanilla seguida de
un vacio carente de auto, ahora tengo una extensión del automóvil que me
hace comportar como un chico que pegó el estirón. Es como un apéndice bobo
del que no tengo nocion ni manejo y que permanentemente estoy haciendo
chocar con la banquina y los cordones (la foto de arriba es de mi primer
estacionamiento en Jburg. Vergonzozo). Una prueba para el estado de salud
de mi corazon es cada vez que estaciono en un shopping. Meterme de frente
entre dos autos convencido de que el asiento del acompañante esta a mi
derecha y sentir que estoy a milímetros de rayarle todo el auto al pobre
individuo de mi izquierda. Un defibrilador a la derecha!
Como decía antes, las diferencias son sutiles. Hay muchas cosas que uno
hace automáticamente, como agarrar el cinturon de seguridad por sobre el
hombro izquierdo. O tratar de entrar siempre por la puerta equivocada. Cada
vez que trato de ver si viene un auto de atrás, primero miro a un
inexistente espejo retrovisor arriba a la derecha, despues me doy cuenta
de que hay uno abajo a la derecha, pero al ver que no me muestra nada,
busco el otro retrovisor, el de la puerta izquierda. Obiamente miro hacia
abajo y me entiendo que estoy mirando el tablero de comando. Recién cuando
miro hacia arriba y veo el retrovisor central me doy cuenta que tampoco me
dice nada, que no tengo la capacidad de interpretar este mundo inverso
donde todo sucede al revés.
El recientemente fallecido Martin Gardner se divertiría mucho con este
mundo especular parecido a los que le dedicó tanto tiempo. Yo soy un
hermano gemelo de un piloto igual a mí que maneja en Sudamérica. Todo es
previsiblemente inverso, salvo un pequeño detalle. La palanca de cambios
está a mi izquierda, pero la disposición de los cambios es la misma que en
un auto nuestro. O sea, la primera marcha es hacia la izquierda y la quinta
a la derecha. Es decir, es igual y está en la misma posición que en uno de
nuestros autos!
Como en un capítulo de Lost, este mundo de perfecta simetría con en
nuestro tiene un detalle en apariencia pequeño pero que desafía todas las
leyes que pensábamos que regían este mundo. Una anomalía que de no estar
allí nos evitaría tener que replantearnos todo lo que conocemos sobre el
universo. La teoría de la relatividad entró a mi mundo de turista en
Sudáfrica.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Todavia me estoy riendo!

Anónimo dijo...

es asi coco, tal cual.me trasladaste alla.
suerte con el manejo,cuando ya te acostumbres,y creas que la tienes clara,se viene una del inconsciente
un abrazo. y...
vamosss argentinaaaaaaaaaaaaaaaaa

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