
Compuesto por Paul Cook, Steve Jones, Glen Matlock y Johnny Rotten (John Lydon)
Mientras salíamos del colegio primario, Argentina ganaba el mundial, nosotros, niños aún, pensábamos que la ruptura con el pasado eran León Gieco (un Bob Dylan descafeinado), Miguel Cantilo de Pedro y Pablo (los Simon and Garfunkel locales) o Raúl Porchetto (con el tiempo nos daríamos cuenta que era el que sobraba cuando su banda completa se fue para formar GIT).
Con la debacle "Malvinas meets Crisis de la Deuda", todo lo que había sucedido en el mundo durante casi una década de dictadura militar nos llegó de repente. De un día para otro nos enteramos que existían cosas como The Cure, Adam and the Ants, Specials, Madness, the Clash y los Ramones.
Un día un tipo muy raro que habíamos conocido con Gala en un recital en el Parakultural nos pasó un libro de Jordi Serra Fabra: Punk, la muerte joven. Tal como hacíamos con los discos, revistas y cualquier otro material importado que, con el esfuerzo que nos exigía el peso hiper devaluado de Alfonsín, podíamos conseguir, lo leímos entre los dos, comentando cada página. Leer ese libro hoy es encontrarse con un catálogo de inexactitudes y errores conceptuales (considerar a Dire Straits una banda punk, por ejemplo), pero probablemente eso fuera motivado porque fue escrito en medio de la explosión de Londres del ´77, cuando todavía no se sabía quién era quien y que Joy Division no era Genration X.
Automáticamente, quedamos enloquecidos por esas bandas que nunca habíamos escuchado. Durante meses tratamos de conseguir algo de material a través de nuestras fuentes habituales: la galería Churba, para Gala que vivía en Belgrano, la Bond Street para mí que vivía en Congreso. Sólo grabaciones de grabaciones en casette. Hasta que un día un amigo llegó a mi casa a pedirme que le grabara un disco para otro amigo. Y ese disco era Never Mind the Bollocks.
Ahi me di cuenta que mi relación con la música recién empezaba. En Anarchy for the UK, Johnny Rotten canta con un odio profundo. Deja a la Marcha de la Bronca como una canción de fogón de boy scouts. Escupe las palabras. Hay cosas que odia y que ni siquiera sabe lo que son. Una banda que es básicamente un guitarrista y un bombo lo sigue con un sonido que transmite la misma necesidad de escapar de Londres, de Thatcher, del sinfo rock y de la música sólo para virtuosos.
Pocos días después, tenía mi primera banda. Con el tiempo entendí que los Pistols eran un producto. La máquina privada de hacer dinero de Malcolm McLaren. Me sentí un poco triste. Más tarde aún, me di cuenta de que McLaren, aunque egoísta, estaba haciendo su propia declaración política. Se puede engañar al sistema. Desde adentro. Un Richard Branson de la anarquía.
Your future´s dream is a shopping spree
I wanna be Anarchy